Amor, dedicación, entrega, compromiso y valentía, es lo que caracteriza a Amparo Mejía, una mujer que habita el barrio el Picacho, de la comuna 6 de Medellín.

Desde muy pequeña vio como la ciudad crecía inequitativamente, no solo en las posibilidades económicas, sino también en la formas de habitarla y por eso toda su vida han transitado por los caminos del trabajo colaborativos en torno a la equidad.

Antes de la desaparición forzada de su hermano de crianza, ya era una lideresa en su barrio.  Desde muy joven lucha por el acceso a los derechos.  El derecho a los servicios públicos, a la educación, al empleo; fueron al inicio sus consignas y su motor de vida.

“LOS QUEREMOS VIVIOS, LIBRE Y EN PAZ, son ahora las consignas que le han dado a sus manos la posibilidad de tejer esperanza, valentía y solidaridad para las mujeres que ha diario luchan por encontrar a sus desaparecidos y que se encuentran unidas en la Corporación Madres de la Candelaria, línea fundadora.

Una mujer que ha sacrificado su condición de  mujer, para prestar sus manos y conjuntamente con otras hoy esculpir una estatua a la memoria de quienes, solo habitan esta ciudad, cada vez que los trae el pensamiento y los nombran en la plaza pública de Medellín.

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