Por Manuel José Bermudez Andrade
Ciudadano gay de Medellin

Es complicado hablar de una situación que no vivo. Nunca me he sentido ni he sido marginal. Y cuento, además, con algunas ventajas de supervivencia frente a la pandemia. Por eso sería grosero desconocer desde mis facilidades, las dificultades que atraviesan personas en la diversidad, especialmente personas trans. Sobre todo, en temas tan álgidos como los de la supervivencia y la dignidad. Tenemos en común ser seres humanos.

Pero esta situación, bastante anunciada, por cierto, en que un virus, una guerra o la astucia capitalista, nos encerraría, debe ponernos a pensar en perspectiva, no solo de lo inmediato, necesario, claro. Si no de lo que no hicimos y debemos hacer.

Es decir, bien que se exija, como seres humanos en derecho, la protección y atención a las personas trans en situación de vulnerabilidad. No por ser trans, ni diversos. Por ser seres humanos. Pero a la par, se revisen esos caminos perdidos, de la bella enseñanza de transitar que de ellos y ellas aprendimos. Y que se perdieron en el apaciguamiento por favores, del momento, politiqueros y electoreros. Adormecieron a gran parte de la población LGBTI, con reinados, espectáculos y fiestas. Generaron, además, organizaciones que hoy disfrutan como divas, las dadivas, que correspondían al colectivo.

No es sólo a la administración a la que hay que exigirle entregar, también a esos y esas, devolver. Y cuando pase el episodio oscuro, dejar de banalizarnos y retomar las astucias del tránsito por las supervivencias y las dignidades. Haber supervivido, por ejemplo, a la pandemia, solo nuestra, del vih-sida, nos tendría que tener hoy en posición de privilegio y solidaridades, frente a una pandemia que, por el contrario, nos iguala al resto de la humanidad.

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