PLATOHEDRO
Plataforma creativa audiovisual – Conciliando la justicia y la libertad

Estos días locos, extraños y raros como los he llamado en algunos momentos, también se ha mencionado como días de cuidado, reposo y profunda reflexión. Son tiempos complicados y tal vez de este experimento puedan salir cosas buenas (también muchas muy malas).

La Esquina Radio me ha invitado a compartir mi punto de vista sobre la importancia, o no, del Software Libre en estos días de intentos de seguir la vida desde las casas, haciendo teletrabajo, escuelas virtuales y una gran oferta de contenidos culturales, “liberados” con la intención de que la población no salga  y pueda medianamente continuar con ciertas dinámicas de lo que llamábamos “vida normal”, trabajar, estudiar y socializar.

Lo primero sería reflexionar sobre la posibilidad de conexión en la ciudad, desde el acceso a equipos (computador, teléfono móvil, etc.) y cobertura de red, hasta la infraestructura que la propia ciudad dispone. Tanto en Medellín, como en su área metropolitana, se ha realizado una fuerte inversión que cuenta con más de 3.9 millones de conexiones a internet, gracias al programa Medellín Digital, hay más de 300 puntos WIFI gratuitos que se suman a tantos otros, contando además con la inversión que se planea desde instituciones como Ruta N, de acuerdo al plan de convertir a Medellín en el próximo Silicon Valley. Sin embargo, y a pesar de la importancia de este panorama, nos gustaría centrar nuestra reflexión en la actitud que se adquiere al usar plataformas libres, habitando los sistemas o siendo usuarias de estos.

Desde Platohedro, nos hemos atrevido a  aportar nuestras miradas y reflexiones sobre el uso de plataformas y herramientas libres  en todo el trabajo que desarrollamos, para así poder compartir desde lo vivido, algunos puntos interesantes que “poner sobre la mesa” o en este caso, lanzar a través de las ondas hertzianas.

La metáfora de “la planta en el domo de cristal” sirve para entender ventajas y desventajas  del software privativo y el libre, sin embargo, como dijimos, lo que nos interesa es la relación que establecemos con estos sistemas.

Cuando hablamos de software libre, hacemos referencia a 4 libertades que posibilitan su uso:  entender cómo funciona, su distribución, mejoramiento y la redistribución del código a partir del cual opera el programa o la aplicación.

“El código asusta” y “es algo que sólo especialistas pueden entender”,  son pensamientos comunes basados en la lejanía que se impone entre humanos y máquinas. Una lejanía que se resuelve con el consumo y las políticas de privatización de las ondas y el propio código, la brecha digital y/o tecnológica que vence con el pago de una licencia, un plan de datos o con el esfuerzo de la piratería.

Este ha sido un escenario que hemos analizado con calma desde hace varios años, asumiendo las 4 libertades y re-mezclándolas para apropiarnos de las tecnologías de una manera acorde a nuestras necesidades y discursos. Es en este sentido donde aparece el concepto -hacker, que hemos reinventado volviéndolo para nosotras –  jaquer.

Así  hemos dado pasos tranquilos pero efectivos a la hora de migrar, de salir de la matriz del consumo de hardware y software para proponer una especie de metodología de apropiación de saberes y herramientas. Esta pasa por el cambio del sistema “operativo”, por ejemplo de Windows, sistema operativo privativo, a Linux, un sistema nacido de la filosofía de las 4 libertades del Software Libre en nuestras máquinas -computadores-, por lo general compradas en el mercado del usado a muy bajo precio y descartadas porque se volvieron lentas.

Con el pasar del tiempo y el afrontar las necesidades, se abre el abanico para usar una u otra aplicación a la hora de editar o producir tipos de contenidos, que van desde textos, presentaciones, hojas de cálculo, audios, videos, cosas que normalmente una persona o estudiante aborda en la cotidianidad; hasta usos especializados como la producción de programas de radio, edición de documentales, diagramación de libros y montajes de plataformas web.

Todo nuestro hacer se hace propuesta y compartimos lo que hemos aprendido, pasando de ser consumidoras a ser una comunidad que se untó del software libre hace más de 10 años.

Abordando el presente de pandemia y en el protagonismo de la cuarentena, esa burbuja en la que nos hemos sumergido para evitar el contagio o para hiper-conectarnos y pasar a una siguiente fase de  sometimiento laboral, de mediocridad educativa o de consumo desmedido de contenidos ON-LAIN, vemos en la jaquer una posibilidad para aprovechar esta emergencia. Dado que el teletrabajo, la tele-educación, no son nuevos para nosotras, nos movemos por salas de chat, repositorios de código, wikis, tutoriales o canales de video-  con, o sin, quien nos guíe.

Aprendemos por contagio, por necesidad, restauramos y reparamos aparatos y los volvemos herramientas de trabajo, cargamos en nuestro ser el espíritu del barrio: del taller de esquina donde una bicicleta se vuelve licuadora, del pregonero que al pasar por la cuadra arregla hasta la de presión o el aviso de poste “destapamos sin romper”.

Puede ser que con esto podamos ver la crisis con otra mirada, sin miedo quizá. Está bien aclarar que para afrontar un futuro de teletrabajo o tele educación, debemos tener en cuenta que Internet gratis en Colombia nos cuesta un ojo, que más allá de Facebook y WhatsApp existen canales libres sin censura y sin contaminación del mercado, que la conectividad en este planeta está en manos de multinacionales que han privatizado las ondas y los cables.

También vale la pena reflexionar sobre realidades que se hacen visibles en los barrios, donde llegó la hora de optar por la comida de la familia haciendo a un lado el plan de datos, poniendo en jaque la estrategia educativa improvisada por universidades y colegios, no hay teletrabajo para la mayoría, los chinos no se han inventado la telechaza y en muchas de las casas la electricidad es prepago.

La filosofía del SL y la misma jaquer, proponen compartir, entender el problema y abordarlo con lo que se tiene, reciclar tecnologías de todo tipo: digitales, analógicas o ancestrales; para volverlas útiles, ejercitar toda la mano volviendo al teclado, activando redes wifi comunitarias, servidores locales en las bibliotecas públicas o en la tienda de la esquina… Todo es posible releyendo unos cuantos manuales y poniéndole ganas al “cacharreo”.

Para finalizar, recordemos que en Colombia las radios comunitarias fueron protagonistas de la educación a distancia, con el modelo de Radio Sutatenza, habitantes de veredas y barrios aprendieron de todo, esta es otra tecnología a desempolvar.

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