Campaña Noviembre
Salir a la calle a juntar la voz no es un capricho ni un acto de rebeldía sin causa: ha sido, históricamente, el único camino que hemos tenido la gente de a pie para hacernos escuchar. En los barrios populares de nuestra Colombia —allí donde las necesidades se resuelven con solidaridad y trabajo comunitario— sabemos muy bien que la historia de nuestras vidas se ha escrito a punta de movilización. Las escuelas donde estudiaron nuestros hijos, el agua potable que llega a las casas, el transporte, las vías y hasta la protección a los trabajadores no nacieron de la buena voluntad de un escritorio; se conquistaron en las calles, caminando con dignidad y sin miedo.
Por eso, cuando se intenta arrinconar, reglamentar de manera restrictiva o desdibujar el derecho a la protesta social —tratando el clamor popular como si fuera un simple problema de orden público o una amenaza—, lo que realmente se vulnera es la médula de nuestra democracia. En un país donde la brecha social ahoga a las familias de estratos 1 y 2, cerrarle el paso a la marcha pacífica equivale a quitarle la única válvula de escape a quienes no tienen grandes espacios en los medios masivos ni acceso a las altas esferas del poder.
Hoy el riesgo es aún más profundo. Muchas de las conquistas históricas que costaron décadas de resistencia social hoy se encuentran tambaleando y en constante amenaza de retroceso: desde los derechos fundamentales de las comunidades LGBTIQ+ y las libertades sexuales y reproductivas —como el derecho al aborto y a la autonomía sobre el propio cuerpo—, hasta las garantías laborales y el acceso a la educación superior pública.
Cuando la democracia se achica y la protesta se condena, las primeras víctimas siempre son las poblaciones históricamente excluidas, las mujeres, las jóvenes y las minorías que encontraron en la calle el único espacio para exigir derechos.
Durante este mes de noviembre, en La Esquina Radio volvemos al territorio y en especial a las esquinas para confrontar la realidad con la gente a través de dos preguntas cruciales:
“¿Si te quitan el derecho a la protesta social, qué estrategias utilizarías para exigir el cumplimiento de tus derechos?”
“¿Qué pasaría en tu vida si te quitan el derecho a la protesta social?”
Las respuestas de nuestros vecinos revelan una verdad dolorosa pero contundente: si nos quitan el derecho a marchar, nos quitan la posibilidad de defender la vida misma. Quitarle la protesta al pueblo es dejar al trabajador sin defensa ante la injusticia, al joven sin futuro universitario y a las comunidades sin voz ante el olvido estatal.
No podemos permitir que el miedo o la indiferencia nos arrebaten lo que tanto esfuerzo costó construir. La protesta social no se concede como un favor gubernamental ni se negocia en tiempos de crisis: se defiende siempre, gobierne quien gobierne. Desde esta emisora comunitaria los invitamos a escuchar la campaña, a sumar su testimonio y a mantener encendida la resistencia pacífica y movilizada.
Porque cuando la calle habla, la democracia se fortalece. La protesta social es un derecho: exigimos que en Colombia expresarse en la calle sea una garantía viva para todos y nunca un milagro.
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